Escuela uruguaya. Juan Ildefonso Blanco Vila (1812-1889). Retrato de Don Joaquín Corta. Entre 1840 y 1850.
Acuarela y guache sobre marfil.72x57 mm
Colección Martínez Lanzas-de las Heras
Hace un tiempo nos llego procedente de Uruguay el retrato en miniatura de un joven firmado por un desconocido Blanco. El gentil comunicado de un amigo nuestro argentino, coleccionista y apasionado de los pequeños retratos, nos desveló la identidad de su autor. Se trata de Juan Ildefonso Blanco Vila (1812-1889), una de las figuras más destacadas de la pintura uruguaya del siglo XIX (1). El amable comunicante nos informó también que obras de este importante autor se encuentran en distintas colecciones privadas de Argentina y Uruguay. El retrato representa a un joven elegantemente vestido entre veinte y veinticinco años de edad, identificado como Don Joaquín Corta, según una inscripción escrita a tinta en una cartulina pegada al dorso del marco. No obstante su personalidad hasta el momento la desconocemos.
Aspecto tal y como nos llegó al taller de restauración, con abundantes patologías: rotura del marfil, decoloración y borrados varios. El cerco metálico pintado con esmalte oscuro
El retrato iba enmarcado en un cerco metálico pintado en esmalte oscuro insertado en un marco de madera dorado de 13,5x11,00 cm. No obstante pudimos apreciar la falta de algunos dientes metálicos de sujeción en la parte posterior. Un vidrio protector curvado protegía la pintura. El retrato pintado con acuarelas y guaches sobre una plaqueta de marfil oval de dimensiones 75x60 mm. Por la moda del vestido y el peinado del joven, la miniatura se puede datar entre 1840 y 1850.


Antes de la restauración. Aspecto amarillamiento generalizado de la pintura por las marcas visibles de antiguas bandas adhesivas colocadas en el reverso del marfil con la finalidad de unir las partes separadas. Vista general y detalle
PATOLOGÍAS OBSERVADAS
El retrato fue cuidadosamente extraído de su marco dado el estado de conservación tan precario que presentaba. El marfil examinado presentaba las siguientes patologías:
1.- Fractura vertical que partía en mitad las 2/3 partes de su superficie, afectando el cabello, rostro, corbata, camisa y chaleco de la figura pintada. Partes del borde superior presentaban oscurecimiento debido a necrosis del hueso.
2.-Aspecto amarillamiento generalizado de la pintura por las marcas visibles de antiguas bandas adhesivas colocadas en el reverso del marfil con la finalidad de unir las partes separadas
3.-Perdida del papel protector encolado en el reverso del marfil y del paillón, laminilla plateada para el reforzamiento de la luminosidad de las carnaciones, técnica utilizada antaño por los miniaturistas para obtener una mayor luminosidad de las partes desnudas del modelo, rostro y cuello, aprovechando la transparencia de la fina lamina del marfil.
4.-Abundante pérdida de color y barridos varios, afectando a la levita especialmente la manga derecha prácticamente desaparecida y al chaleco de brocado gris de seda del modelo. El fondo realizado de cortos trazos oblicuos prácticamente borrado.


Reverso del marfil y detalle, donde se aprecian las marcas de las bandas adhesivas, intento inútil para unir las partes separadas, confiriendo su aspecto amarillento
FRACTURA DEL MARFIL. CAUSAS Y SOLUCIONES
Analizado el marfil, deducimos un grosor de 625 micras (0,625 mm); es decir nos encontrábamos con una lámina muy fina. Los sistemas de serrado industrial de las defensas del elefante en el segundo tercio del siglo XIX permitían alcanzar láminas de grosor inferior a 1 milímetro siendo habitual láminas entre las 500 y 750 micras de grosor (0,5 y 0,75 mm). Con estos ínfimos grosores se alcanzaba ligereza, flexibilidad, transparencia y luminiscencia cualidades toda ellas que usadas con habilidad por parte del miniaturista podría extraer provecho para un buen retrato. Sin embargo significaba también fragilidad del soporte.

Antes de la restauración. Aspecto parcial del chaleco y la levita, decoloración y pérdida de color por una exposición continuada a la acción de la luz solar
Cualquier uso indebido de la placa, podía acarrear un agrietamiento siguiendo el sentido de sus vetas naturales y finalmente la rotura parcial o total de su superficie. La finura de la placa está sujeta fácilmente al abarquillamiento o curvatura de la placa ante la humedad, los bruscos cambios de la temperatura o la acción directa de la luz, con daños irreversibles para la pintura. La fina lámina de marfil se encolaba a un papel fuerte para darle estabilidad y aportarle un fondo claro gracias a la semitransparencia del soporte, cuidando muy bien de hacerlo solo por los bordes para no disminuir la luminosidad del marfil. Este papel protector colocado en el reverso del marfil podía entrar en tensión ante la tendencia al abarquillamiento del marfil si las condiciones ambientales no fuesen correctas, facilitando la aparición de grietas que a la larga podían partir el marfil a la menor presión. La tendencia a la curvatura de un material orgánico como la fina placa del marfil, es natural y adopta esta forma de manera lenta en el transcurso de los años.

Antes de la restauración. Aspecto parcial de manga derecha de la levita, con un borrado que hace irreconocible la imagen, debido a las malas condiciones de conservación de la miniatura expuesta a la humedad.
Hay quien cree que se puede devolver a su forma original plana, mediante la presión de los dedos o sometiéndola a una fuerte compresión, sin saber que estos procedimientos lo que hará es acelerar el colapso total del marfil. Están equivocados quienes crean que encolar toda la superficie del marfil a un soporte rígido como un cartón o una madera, conseguirán estabilizar el marfil y evitar la aparición de grietas. Si las condiciones ambientales donde se exponen o guardan las miniaturas no son las correctas, entonces en la superficie del marfil aparecen tensiones diferenciales que conducirán irremediablemente al craquelado y levantamiento de la capa pictural del soporte. Dejemos bien claro que una grieta en el marfil de una miniatura es irreversible. El restaurador podrá disimularlas mediante la aproximación de las partes, pero nunca hacerlas desaparecer como ocurre en las pinturas al óleo o al estuco sobre madera o tela. No existe técnica capaz, hasta el momento (2), de fundir dos partes partidas de un soporte de marfil. Se ha de desistir en aplicar colas fuertes de secado rápido en los labios o contornos del marfil roto, sin acarrear grave perjuicio al retrato. En las técnicas de restauración de miniaturas no hay cabida para este tipo de productos.
La miniatura libre del marco antes de la intervención a que será sometida
En el caso que examinamos la grieta estaba consolidada y venía de antiguo. Es probable que la rotura ya estuviera presente hacía más de un centenar de años. Para hacer esta afirmación nos fundamos en que las dos lenguas separadas del marfil solamente podían unirse ejerciendo presión con los dedos. Dejar de ejercer la presión, las partes volvían a separarse a su estado original. Una rotura reciente nunca presenta la separación que observamos en este retrato y resulta relativamente fácil unirlas. De no poner remedio a esta situación, la grieta ira creciendo y espaciándose con el paso del tiempo hasta alcanzar su máxima deformación. Por ello sometimos al marfil durante siete días a una presión de menos a más para corregir la deformabilidad hasta alcanzar prácticamente su posición original y ligar las partes separadas mediante una estrecha banda extrafina de papel de Japón encolada.
Lijado con el “grattoir” (navaja afilada) del reverso del marfil para eliminar las impurezas adheridas.
El polvillo es retirado cuidadosamente con un pincel. El apoyo del marfil se ha de hacer sobre una superficie limpia y estable.
En un reciente pasado, estimamos unos 50 años atrás, se intento unir las partes separadas, haciendo eliminar la grieta, de manera equivocada, con la aplicación de unas bandas plásticas adhesivas por el reverso del marfil que las uniese. El envejecimiento de estas bandas y el tono amarillento que adquieren con el paso de los años, dejó las marcas que podemos observar en las imágenes que acompañamos en este artículo y que debido al poco grosor del marfil facilitó su transparencia. A pesar de que las bandas fueron despegadas no evito que el retrato adquiriese un desagradable aspecto amarillento, con sus huellas perfectamente visibles.
Acción de lijar con movimientos rotativos. Se utiliza papel de aguas
Acción de desengrasar. Para ello hemos utilizado un retal de lino empapado en vinagre. En otros casos hemos utilizados productos ácidos.
Se colorea con acuarelas de tinte rosa mediante un pincel agudo de pelos de marta la parte correspondiente al rostro. Debido a la semitransparencia del marfil daremos una mayor luminosidad a las carnaciones del retrato.
Antes de reparar y unir la grieta, el reverso del marfil se sometió a un cuidadoso raspado con ayuda de una navaja de lámina flexible de las capas superficiales del marfil, seguido de un lijado con papel de agua con movimiento rotacional. El polvillo extraído se retiraba mediante un pincel. A continuación se aplicó un desengrasante con alumbre y blanqueo de la superficie con vinagre. En algún tramo incluso se aplicó producto ácido diluido.
Colocación del papillón, laminilla de plata, encolado al papel protector.
Gracias a la transparencia del marfil colocaremos el papillón cubriendo las carnaciones del rostro
Una vez limpio el revés, se sometió a la unión de las partes separadas, tal como se describe en el apartado anterior. Hubo un tiempo de espera de una semana para forzar la deformación alcanzada. A continuación se aplicó pinturas transparentes con acuarela de tinte rosa para la carnación del rostro del modelo y de tintes grises para los fondos. Estas aplicaciones se hicieron por el reverso del marfil. Colorear por el reverso del marfil a fin de dar un tinte de base a la pintura, era una practica habitual de los miniaturistas a partir de 1800. De esta manera los miniaturistas gracias a la transparencia del material conseguían unas coloraciones sin huella del pincel que provocaba admiración entre sus clientes.
Fase de restitución de los colores. La intervención se ha practicado con las técnicas de los antiguos miniaturistas. La restauración de la miniatura está prácticamente acabada.
Otros de las técnicas recurrentes por los miniaturistas era acentuar y resaltar la luminosidad mediante la técnica del papillón. El papillón es una fina hoja de plata que se coloca en el revés del marfil. Estas láminas, colocadas entre el papel protector y el marfil, no eran de las mismas dimensiones que el soporte, sino que se recortaba adecuadamente para cubrir solo las carnaciones. También eran utilizados papillons de cobre y muy raramente de oro. El color dorado de estos metales se translucían en suaves tonos rosados en la pintura, sin necesidad de recurrir a la aplicación de colores. Esta técnica nacida también en el comienzo del siglo XIX, la hemos puesto en practica en nuestra restauración. Para ello recortamos de forma rectangular una fina hoja plateada de 14x12 mm y la fijamos encolada en el nuevo papel protector, de dimensiones suficientes para cubrir solo el rostro. A continuación encolamos con almidón los bordes del marfil con un papel fuerte protector blanco de tamaño rectangular y de la misma antigüedad que la miniatura. Una vez seco, procedimos, tal y como se aprecia en las imágenes, a recortar con tijeras afiladas los sobrantes del papel. A continuación todo el borde del óvalo se lija suavemente. Los efectos de luminiscencia obtenidos se hicieron patente ante nuestros ojos.
La miniatura terminada en nuestras manos. El resultado está a la vista. Ahora solo cabe colocarla en su marco original que también ha sido restaurado.
PÉRDIDA DE COLOR Y BARRIDOS VARIOS. CAUSAS Y SOLUCIONES
La pintura desgraciadamente vino muy dañada con abundantes perdidas de color debido a la exposición continuada de la miniatura a la luz solar, con barridos de la capa pictural por humedad que habían provocado incluso partes su desaparición. El bello chaleco de seda gris brocada del joven modelo, estaba seriamente borroso y nitidez perdida. Partes de la levita también estaban desaparecidas y la firma Blanco en bella cursiva que se localiza escrito en vertical a la izquierda de la parte baja del fondo, había perdido el dorado con que se había inscrito. A pesar de estas perdidas, la miniatura mostraba su evidente calidad, manteniendo su composición entera.

Antes de la intervención

Después de la intervención.
Fue una tarea laboriosa y estimulante, sabiendo que la restauración no admite invención, sino que su objetivo es devolver sus formas originales perdidas con los sistemas tradicionales del arte de la miniatura. Se reforzó los fondos con la técnica de finos trazos en paralelo y entrecruzados y del suave puntillismo a punta de pincel con colores a la acuarela en tonos grises azulados de distinta graduación y matiz. Se devolvió la pintura de oro desprendida de la firma y se completo las partes de color perdidas en levita, camisa, corbata y chaleco. El cabello del joven también fue reforzado como las puntas del cuello de camisa. El iris de los ojos, cejas, orificios de nariz, labios, pómulos y mentón también fueron objeto de nuestra atención. Parte de los colores de acuarela empleados se extrajeron y usaron de restos de antiguas miniaturas que conservamos para tales fines para garantizar una mejor fusión de las tintas. Pensemos que la naturaleza de las acuarelas utilizadas en el pasado eran muy distintas a las que hoy día se comercializan.

Aspecto parcial del chaleco y levita, antes de la intervención

Aspecto parcial del chaleco y levita, después de la intervención
En este tiempo, los miniaturistas debían de moler los pigmentos de origen mineral muy finamente. Hacia 1840, los artistas podían elegir entre cerca de una cincuentena de colores distintos. Los colores extraídos de ciertas plantas y de insectos eran los más apreciados por su falta de grano. La goma arábiga era el ligante más recomendable; no obstante era preciso mezclarlo con azúcar de candí (3/1) para darle al producto más fluidez. Toda una serie de recetas o formulas, más o menos secretas por los miniaturistas eran aplicadas con aditivos de muy diferente origen para mejorar la calidad de la pintura, tales como la goma del Senegal, de cerumen, de zumo de limón, vinagre, extracto de malta, borax, glicerina, hiel de buey entre otros que se mencionan en los viejos tratados sobre miniatura. Se ha de añadir que en la época en que se pintó nuestro retrato, las pinturas se suministraban por los comerciantes en forma de pequeños dados preparados con el ligante incorporado y en forma de tubos.

La cabeza del modelo, antes de la intervención. Obsérvese la fuerte separación de las partes

El mismo detalle después de la intervención. Las marcas de la cinta adhesivas del reverso han desaparecido y aunque la grieta es todavía perceptible queda muy disimulada tras la restauración.
Allí donde la pintura presentaba algún pequeño descubierto, fue llenado de guache de igual color y matiz. El marco también fue recuperado. El cerco metálico oval de la miniatura cubierto con una pintura al esmalte de color gris oscuro, fue debidamente limpiado mediante un disolvente que recuperó el antiguo dorado del marco interior. El marco exterior de madera fue recubierto de pintura dorada en tiempo incierto, y el deseo del propietario de entonces de contrastar la madera dorada con la miniatura motivó el pintar de esmalte oscuro el cerco metálico. Al considerar la antigüedad y la calidad del dorado que presenta el marco rectangular de la madera hemos preferido mantenerla. El vidrio protector convexo era de origen, por lo cual se ha mantenido.
El cerco interior de latón dorado una vez liberado de la pintura al esmalte que la cubría. El marco de madera exterior dorado se ha limpiado con clara de huevo
Tras esta restauración podemos comparar el antes y después de la intervención a la que se sometió el retrato de Don Joaquín Corta. Los logros son bien visibles. La miniatura en condiciones normales de mantenimiento, tiene asegurado muchos años de vida por delante.
Enero de 2010
Por Eloy Martínez Lanzas
El retrato del joven Don Joaquín Corta pintado por el miniaturista uruguayo Juan Ildefonso Blanco devuelto a su marco original.
Detalle de la firma restaurada de Juan Ildefonso Blanco en caracteres dorados
Notas
(1) Juan Ildefonso Blanco Vila, fue hijo del político Don Juan Benito Blanco Fárias (1789-1843) y de Doña María Casimira Vila Villamil. Su padre formo parte de la Asamblea General constituyente y legislativa del Estado en 1822 que elaboró la primera constitución de Uruguay en 1830. Sus dos hijas, Elvira y después Concepción, desposaron con el poeta uruguayo Juan Zorrilla de San Martín (1855-1931). Además de artista fue legislador y se dedicó a la política como su padre, llegando a ser ministro del 7 º Presidente de la República Don Bernardo Prudencio Berro (1803-1888). A él se debe el diseño de la primera bandera nacional del Uruguay en 1829 y del dibujo "la diligencia", que sirvió como icono del primer sello postal del Uruguay. Hay que reseñar que la prestigiosa actriz de teatro y cine argentina-uruguaya Concepción Zorilla de San Martín Muñoz, más conocida como China Zorilla (1922-), es descendiente directa de nuestro artista.
(2) Últimamente, se hacen investigaciones en el proceso de restauración de miniaturas dañadas y que en principio solo se piensa en llegar a un nivel de recuperación. Los restauradores han confiado hasta ahora en la utilización de la acuarela como el medio para imitar las texturas superficiales dañadas. Las nuevas investigaciones están encaminadas en determinar las posibilidades reales que tendrán el uso de las resinas como medio alternativo. El Palaroid B72 es un copolímero de acrílico inerte que sigue siendo descolorido y solubre con el tiempo. Aplicando esta resina en ciertos disolventes, se podrá lograr resultados finales idénticos al original. Los criterios para seleccionar los disolventes se basan en regulaciones de salud y de seguridad, y en la prevención del daño potencial al medio original de la pintura. “Conservación de las miniatura retratos”. Por C. Chizzola-Krisai, Branau. Austria. 1998.












































































.jpg)


























